sábado, 25 de junio de 2016

Carlos Izquierdoz en Cuarenta y Cinco Puñaladas


Una tarde cualquiera de un día cualquiera, después del entrenamiento de Lanús, uno de sus jugadores, Carlos “el Cali” Izquierdoz sintió un instinto criminal, un deseo irrefrenable e imparable de asesinar a una chica.
No era la primera vez que lo sentía y Carlos bien sabía que no sería tampoco la última. No lo podía evitar, desde que había comido ese Queso tan rico y sabroso, lleno de agujeros, sentía esta necesidad de asesinar mujeres…
El futbolista se sentó a reflexionar sobre la situación, sentándose en una silla y extendiendo sus largas piernas (Carlos mide 1,88 metros) colocó sus grandes pies (45 calza el Cali) sobre la mesa.
Carlos pensó en las otras veces que había sentido ese impulso y en las chicas que había asesinado en esas ocasiones. ¿Fueron dos, tres, cuatro?...
“Cuatro, fueron cuatro” pensó Carlos Izquierdoz y empezó a recordar los cuatro asesinatos que había cometido hasta ese momento.
Carlos recordaba como cada vez que había sentido ese instinto criminal, se había vestido totalmente de negro, incluyendo el pasamontañas, los guantes y una polera que le cubría bien el cuello…
“Bueno, casi totalmente de negro” reflexionó Carlos “porque llevó zapatillas blancas”.
Vestido de negro, Carlos Izquierdoz había tomado un enorme y largo cuchillo de carnicero, el más largo y grande de todos los que podamos imaginar…
A Paula, la empleada de la farmacia, la había sorprendido cuando llegó a su departamento y sin mediar palabra, le había clavado unas cuarenta y cinco puñaladas…
“Sí” pensó Carlos “fueron cuarenta y cinco puñaladas, ni una más ni una menos, no fue una cantidad elegida al azar, le día cuarenta y cinco cuchillazos porque cuarenta y cinco es el tamaño de mi pie”.
Carlos Izquierdoz siguió asesinando a sus víctimas siempre con cuarenta y cinco puñaladas…


Lo mismo hizo con Juliana, la estudiante de medicina, con Agustina, la maestra jardinera del Instituto Japonés y con Giselle, la prostituta de la zona de la estación…
Siempre cuarenta y cinco puñaladas, una tras otra, y al finalizar cada crimen, un Queso sobre el cadáver de sus víctimas.
“Soy un Quesón” pensó Carlos Izquierdoz “a cada una de mis víctimas le arrojó un Queso”.
“Queso” recordó Carlos decir en voz alta al finalizar cada uno de sus asesinatos…
El futbolista no podía frenar aquella noche esos impulsos, y se vistió de negro, con las zapatillas que solía usar en cada crimen, y por supuesto, guardó el queso y el cuchillo…
Como las veces anteriores, salió a asesinar, pero…
¿Quién sería su quinta víctima?
¿Antonella, la modelo? ¿Melissa, la hija del carnicero? Carlos Izquierdoz sabía que iba a terminar asesinando a todas, simplemente era ver el orden en que lo hacía…
¿O quizás Norela, la chica que solía frecuentar la estación de servicio y que muchos la consideraban una chica “rápida”?
Sí, esta era la mejor candidata. No fue difícil seducirla…
“Ay Carlos” le dijo “siempre quise tener relaciones con un futbolista de Primera División como vos” le dijo la chica a Izquierdoz.
“Pensé que ya tenías una gran experiencia al respecto” le contestó “el Cali”.
“Ay Cali, ¿Por quién me tomaste? No soy una virgen pura y casta, pero tampoco tenés que creer las cosas que dicen de mí”.
Fueron entonces a una casa que Norela solía usar para tener encuentros íntimos… y convidó al futbolista con una copa…
“¿Querés una Copa, Cali”
“Gracias nena, pero no, lo que quiero no es una copa, sino un Queso” fue la fría respuesta de Carlos Izquierdoz…
El futbolista, otra vez vestido de negro y con guantes, entonces sacó el enorme cuchillo de entre sus pertenencias y atacó con furia a la mujer. Norela opuso una gran resistencia, mucho más que lo que Carlos imaginaba y muchísimo más que las víctimas anteriores, pero finalmente cedió ante la furia criminal de Izquierdoz…
Fueron cuarenta y cinco puñaladas, ni una más, ni una menos, y cuando terminó, el asesino limpió su cuchillo, tomó el Queso, un gran Queso Gruyere con grandes agujeros, y lo tiró sobre su víctima diciendo en voz alta:
“Queso”.
Carlos “el Cali” Izquierdoz abandonó el lugar con total impunidad. Al día siguiente los medios hablaban de un nuevo asesinato de “el Quesón” como llamaban a este criminal…
Izquierdoz solo se preguntaba…
“¿Quién será mi próxima víctima, la sexta? ¿Melissa Roberts, tal vez?”.





1 comentario:

  1. ja ja ja ja este es el Cali Izquierdoz, el que jugaba en Lanus

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