domingo, 1 de mayo de 2016

El Karma de Ravelia capítulo 9



Al día siguiente, Ravelia fue conducida al Comité de Salud Publica. La dejaron justo a dos soldados de la causa revolucionaria, uno bajo y otro alto.
El bajo se llamaba Jean y el alto, muy patón pues calzaba enormes zapatos sobre todo para aquellos tiempos (estamos en el siglo XVIII) se llamaba Charles, aunque todos lo conocían como Charlot.
-         Vous devriez être très prudent, il est une femme très dangereuse. Il a essayé d'assassiner Robespierre. Les nouvelles ne seront pas divulguées pour ne pas mettre en danger la Révolution. (Debeis tener mucho cuidado, es una mujer muy peligrosa. Intentó asesinar a Robespierre. La noticia no se divulgará para no poner en peligro a la Revolución).
-         Les traîtres doivent mourir (Los traidores deben morir) – dijeron al unísono Charles y Jean.
-         Os dejo este Queso. Espero que lo disfruteis.
Los dos soldados comenzaron a ser guardia junto a la mujer. Charles, debió salir llamado por la superioridad, Ravelia quedó entonces a solas con Jean.
-         Tened piedad de mí – dijo – soy una mujer inocente.
-         Dicen que intentais asesinar a Robespierre con un cuchillo.
-         Mentiras.
-         Pero a Marat una mujer lo asesinó con un cuchillo.
-         Pero Marat fue Marat y Robespierre es Robespierre.
-         Tenéis razón.
-         Desatadme las manos y dadme algo de comer. Te lo agradeceré.
-         ¿Me lo agradeceras? ¿Cómo?
-         Con sexo. Podemos divertirnos mucho. Si queremos que la Revolución triunfe, necesitamos un pueblo alegre, no un pueblo triste.
-         Tenéis razón.



Jean entonces se acercó a la mujer, le desató las manos, pero ella en un rápido movimiento, le sacó la pistola y disparó hacia el soldado, asesinándolo de inmediato. El joven soldado cayó muerto y su cadáver extendido en el piso.
-         ¡Ja, ja! – dijo Ravelia, mientras contemplaba el cadáver del soldado asesinado – nunca me imaginé que sería tan fácil. Los hombres siempre sois idiotas.
En ese momento, ingresó Charles, el otro soldado, el alto y patón, y vio que Ravelia estaba libre, dispuesta a escapar, y Jean, su compañero, había sido asesinado.
-         Tu as tué mon partenaire! ¡Habeis asesinado a mi compañero!
-         Y ahora es vuestro turno – dijo Ravelia, con el objetivo de asesinar a Charles.
La asesina disparó el arma pero no salió de ella bala alguna.
-         ¡Nooo! – dijo Ravelia, tirando el arma al suelo.
-         No me dais alternativa, ramera y traidora. Mi compañero será vengado – dijo Charles.
El soldado sacó entonces su puñal y comenzó a acercarse a la mujer, que retrocedía aterrorizada.
-         ¡No me asesineis! ¡Piedad!
-         ¿Porqué debo tener piedad con quien asesinó a mi compañero?
-         Puedo daros algo que tu compañero no podía, puedo daros sexo.
-         Tú solo puedes darnos muertes y traiciones. Te asesinaré.
La mujer tomó el Queso y se lo tiró al soldado, pero este no retrocedió un solo paso, se acercó cada vez hacia ella, y cuando la tuvo al alcance, la apuñaló. Le dio las primeras cuchilladas en el estomago, le clavó y le sacó el cuchillo cinco o seis veces, luego la acuchilló salvajemente en el pecho y finalmente le cortó el cuello, cuando la mujer estaba ya desangrándose. No hizo falta nada más. Muerta, Ravelia cayó al piso, que estaba manchado de sangre por todos lados.
Charles agarró el Queso y dijo en voz alta:
-         Os tiraré un Queso como hacían los antiguos bárbaros.
Y le tiró el Queso al cadáver de la mujer diciendo en voz alta:
-         Fromage.
Apenas unos minutos días, otros soldados llegaron al lugar y vieron a Charles y a Ravelia, le preguntaron entonces al joven:
-         ¿Qué ocurrió aquí?
-         Una traidora al pueblo francés ha muerto.




Y los soldados, todos oriundos de Marsella, al unísono comenzaron a cantar:
“Allons enfants de la Patrie,
Le jour de gloire est arrivé !
Contre nous de la tyrannie
L'étendard sanglant est levé 
L'étendard sanglant est levé 
Entendez-vous dans les campagnes
Mugir ces féroces soldats ?
Ils viennent jusque dans vos bras
Égorger vos fils, vos compagnes !
Aux armes, citoyens !
Formez vos bataillons !
Marchons, marchons !
Qu'un sang impur
Abreuve nos sillons !
Y marcharon todos juntos rumbo a Valmy.


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