domingo, 1 de mayo de 2016

El Karma de Ravelia capítulo 2


esta historia viene del capítulo 1

Pasaron algunos días, el señor Quesón se acercó a Ravelia y le dijo:
-         Mañana viernes cambiarás de horario. Vendrás a las doce y te quedarás hasta las ocho. Tengo una tarea especial para darte...
-         Se lo comunicaré a la Señorita O’Connor...
-         No, no le digas nada, no es necesario. Las ordenes aca las doy yo.


Ocurrió entonces que siendo la hora del atardecer todos los empleados ya se habían ido y solo quedaban dos personas en la empresa: Carlos y Ravelia. El ingeniero le dijo a su nueva empleada:
-         Ravelia, viens ici, come here, venire qui…
Ravelia entró al despacho de su jefe, que en ese momento no estaba pues había ido al baño. Dejó la taza de café sobre el escritorio. Al hacerlo observó que los zapatos de su jefe estaban sobre la mesa.
La chica sintió un extraño impulso y tomó los zapatos para olerlos, al hacerlo, descubrió el intenso, profundo y apestante olor a Queso que tenían.
-         Veo que te gustan los Quesos – era la voz de Carlos Quesón, su jefe, que la sorprendió in fraganti.
-         Ingeniero Quesón, yo, mire, usted, verá...
-         No es necesario aclarar nada – dijo Quesón – primero que a esta hora estamos solos, solo vos y yo, por lo tanto ya te lo dije una vez, no soy el ingeniero Quesón, sino simplemente Carlos.
La chica quedo parada, sorprendida, sin hacer movimiento alguno.
-         ¿Te gustan los pies de hombres?
-         Sí, es un fetiche que tengo, no lo puedo evitar, es más fuerte que yo.
-         Mi fetiche son los cuellos sangrantes...
Ravelia lo miró a Carlos, y este se rió...
-         ¡Ja, ja, ja!
-         ¡Ja, ja, ja! – dijo Ravelia – es un chiste.
-         Claro, es un chiste – afirmó Carlos - ¿Querés Queso?
-         ¿Sí quiero Queso? No como Queso, no me gusta...
-         ¡Qué raro! A todos nos gusta el Queso...
-         No, a mí no... ¿Y a vos?
-         El Queso, me encanta. ¿Podría ser de otra manera? Me llamo Carlos Queson, je, je.
-         Entonces ese Queso te lo podes comer vos solito.
-         Igual Ravelia, no me refería a esos Quesos, sino a estos Quesos...
Carlos puso sus pies sobre la mesa. Enormes pies talle cuarenta y seis.
-         Sin miedo Ravelia, aca tenés mis Quesos. Dale, sin miedo, tengo las medias puestas, podes chuparlos, lamerlos, besarlos, hacer lo que quieras, sin miedo. Primero con los medias puestas, después me las podes sacar, si queres claro.


Movida por un extraño impulso, Ravelia hizo exactamente eso, chupo, lamió, beso y olio los pies de Carlos, primero con medias, luego se las saco, el izquierdo, el derecho, el olor a Queso era realmente impresionante, una y otra vez.
-         Gracias Ravelia, por hacerme sentir hombre y sobre todo un Queson – le dijo Carlos.
-         No Carlos, gracias a vos por hacerme sentir mujer.
-         Ahora quiere oler tus pies, Quesona.
-         ¿Quesona? Ja, ja, me gusta eso. Te vas a llevar una desilusión. No huelen a nada.
-         Lo quiero comprobar.
Carlos se acostó sobre el piso y le dijo a Ravelia:
-         Tirame encima ese Queso que hay sobre la mesa.
Ravelia tembló ante tal pedido.
-         Dale, Ravelia, ya me chupaste y oliste los pies, tirame el Queso, cuando lo hagas deci en voz alta “¡Queso!”.
Ravelia entonces agarró el Queso y se lo tiró encima a Carlos, diciendo en voz alta:
-         ¡Queso!
-         Gracias – dijo Carlos – ahora pone tus pies sobre mi cara.
Ravelia hizo entonces eso, accediendo al pedido de Carlos. Efectivamente, no tenían nada de olor a Queso, al contrario parecían perfumados.
-         Ricos tus pies. Los pies de un hombre deben oler a Queso, más los de un Carlos como yo. Los pies de una mujer como vos deben oler a perfume francés.
No hubo respuesta de Ravelia, solo miró para abajo, tenía una extraña mezcla de vergüenza y satisfacción a la vez.
-         Si queres esto lo podemos hacer otras veces, si te gusto claro, vos Ravelia y yo Carlos, si no queres no pasa nada, yo el jefe y vos la empleada, ¿Qué es lo que mas te gusta?
-         Yo Ravelia, vos Carlos. Eso es lo que me gusta.
Nació una relación muy especial entre el Carlos el Quesón y Ravelia la Quesona.


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