domingo, 1 de mayo de 2016

El Karma de Ravelia capítulo 11



Mediados de 1944, en el campo de Auschwitz, cerca de Cracovia, en Polonia (bajo ocupación del III Reich)

La oficial de las SS, Ravelia Von Netzer, oriunda de Viena (Austria) se retiró a descansar un rato, exhausta después de una jornada agotadora, donde unos quinientos judíos provenientes de Croacia, habían sido asesinados. Ravelia contemplaba la luna y su colega, Hans Von Augenthaler, se le acercó y le dijo:
- Vamos a perder la guerra, Ravelia, los americanos avanzan en Francia, los rusos ya están en Hungría y Checoslovaquia.
- Verlieren Sie den Krieg-? Niemals! In den kommenden Tagen unser Führer wird uns zum totalen Sieg führen. Sie testen neue Waffen und vernichten sie London, Moskau und New York in Stunden, die Alliierten und die Russen zwischen Kapitulation oder Vernichtung entscheiden müssen. (¿Perder la guerra? ¡Jamás! En los próximos días nuestro Führer nos conducirá a la victoria total. Se están probando nuevas armas y con ellas exterminaremos Londres, Moscú y Nueva York en horas, los Aliados y los Rusos deberán elegir entre la rendición o el exterminio.
- ¿Crees que esas armas estarán pronto listas?
- Natürlich. Nur Verräter, glauben die Juden und die Schwachen nicht in unserem Führer. Bald nicht mehr die Juden in Europa und die arische Rasse, die den Kontinent dominieren existieren, sind diese Verluste nur vorübergehend Niederlagen, wird der endgültige Sieg Hitler, Nationalsozialismus und Deutschland sein. Sie glauben, dass sie nicht mehr in unserem Führer? (Por supuesto. Solo los traidores, los judíos y los débiles no creen en nuestro Führer. Pronto los judíos ya no existirán en Europa y la raza aria dominará todo el continente, estas derrotas son solo derrotas transitorias, la victoria final será de Hitler, del Nacionalsocialismo y de Alemania. ¿Es que ya no crees en nuestro Führer?).
- Creo en nuestro Führer, pero nuestros enemigos...
- Los idiotas como tú son nuestros enemigos – Ravelia decía esto cuando apuntó con su pistola automática a Hans, y disparó. El oficial de las SS cayó muerto dado que la bala se le incrustó directamente en la frente.
Ravelia entonces gritó:
- Heil Hitler! Es wird immer ein Deutscher sein! Die Zukunft ist ein und sozialistische National! Seig Heil! 


Al día siguiente, el Capitán de las SS Jürgen Von Illgner le preguntó a Ravelia:
- ¿Y el oficial Hans Von Augenthaler?
- Lo asesinó un prisionero del Ejército Rojo que huyó con la protección de unos guerrilleros comunistas polacos. 
- Eso merece una medida correctiva. Deberemos exterminar toda una población polaca para que actue como escarmiento. Es lo que estos asquerosos eslavos merecen.
- ¿Qué pueblo podemos elegir?
- De niña, en la guerra anterior, cuando vivía en Viena, recuerdo a un polaco repugnante, su nombre era Jan Mazurkiewicz, limpiaba pisos, era asqueroso como todos los eslavos, fue a contaminar nuestra ciudad como muchos otros...
- ¿Y qué hay con eso? ¡Todos los polacos son seres execrables!
- Era oriundo de un pueblo llamado Mielec.
- Exterminaremos Mielec, entonces.
- Con gusto haré cumplir la orden – dijo Ravelia.
- Muy bien. Llevaos a una división entera de las SS y que exterminen a toda la población masculina mayor de edad.
- ¡No! ¡También a las mujeres y a los niños! – dijo Ravelia sedienta de sangre.
- Capitán, necesitamos esas divisiones – manifestó otro oficial, Klaus Von Strasser – los rusos ya están en Hungría y Checoslovaquia. Goebbels no quiere que la noticia se difunda en Alemania, pero...
- Nuestro movimiento – acotó el capitán Von Illgner – vino al mundo a limpiarnos de los judíos, eslavos, gitanos y todas esas ratas que contaminan a la especie humana y a la raza aria. El escarmiento en Mielec se llevará a cabo. Que los rusos esten en Hungría y Checoslovaquia es solo una anécdota. En pocas semanas nuestro Führer sorprenderá al mundo con un arma, la bomba atómica, que destruirá Londres, Moscú, Nueva York y Leningrado. Ya lo verán. Y el III Reich triunfará.
- ¿Exterminamos a la población de Mielec? – dijo entonces Ravelia.
- Hacedlo – fue la orden de Von Illgner – Heil Hitler!
- Heil Hitler!



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