domingo, 1 de mayo de 2016

El Karma de Ravelia capítulo 1


Un nuevo amanecer de aquel triste invierno llegaba para Ravelia. Una vez se despertó ojerosa y angustiada, después de haber tenido sueños extraños, delirantes, a los que no le encontraba explicación alguna. Ravelia abrió los ojos y vio el almanaque...
“24 de agosto”
-         Hace dos meses me separé de Juan y veinte días que me echaron del trabajo – pensó Ravelia – Peor imposible.
Un día antes Ravelia había ido a una entrevista laboral, en la Empresa Constructora Carlos Quesón, por un puesto administrativo, pero no guardaba expectativa alguna de que fuera convocada para el puesto.


Mientras tanto, en la empresa constructora del prestigioso ingeniero Carlos Quesón, el propio Carlos Quesón hablaba con la señorita O’Connor.

-         Diez chicas se presentaron para el puesto, señor Quesón.
-         ¿Y como eran las aspirantes?
-         Nueve calificaban muy bien, le aseguro que eran todas competentes, la otra pobre, no podría trabajar nunca en una empresa tan prestigiosa como la nuestra.
-         ¿Me muestra las solicitudes, por favor?
La señorita O’ Connor le dio las solicitudes al ingeniero Quesón, que comenzó a leerlas una y otra vez, se detuvo en una...
-         ¿Ravelia? ¿Hay alguien que puede llamarse así?
-         Esa es precisamente la única de las diez aspirantes que no reinaba ninguna de las cualidades que necesitamos para el puesto...
-         No sé cuando ni donde, pero creo conocer a esta chica de algún lado. Es la elegida.
-         Pero señor Quesón... esa chica...
-         Ya se lo dije, señorita O’ Connor. Es la elegida.
Carlos Quesón entonces agarró nueve de las diez solicitudes, las rompió y las tiró al basurero. Solo se quedó con la de Ravelia, y entregándoselo a la señorita O’ Connor, le dijo:
-         Llámela y dígale que empieza mañana a las ocho. Yo mismo la recibiré en mi despacho.
Ravelia recibió la noticia y sintió como si el sol se abriera en medio de la oscuridad. Al día siguiente estaba a las ocho en forma puntual. La señorita O’Connor la recibió con frialdad y desprecio. Pero Carlos Quesón, todo lo contrario...
-         No sé porque pero usted y yo de algún lado nos conocemos... cuando ví su foto en la solicitud y ahora viéndola personalmente – le dijo el ingeniero.
-         Yo siento algo parecido, señor Quesón...
-         Carlos – le dijo el ingeniero – Me llamo Carlos. La señorita O’Connor que me diga señor Quesón, vos Ravelia, me vas a llamar simplemente Carlos.
-         Muy bien señor... – y Ravelia se frenó y dijo – muy bien, Carlos.
-         Así es. Carlos. Repetí conmigo.... Caaaaarrrrlooossss
Ravelia se sonrió, y riéndose dijo:
- Carlos.


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