lunes, 21 de marzo de 2016

La asesina de Oscar Córdoba


Oscar Córdoba era un muchacho muy alto que trabajaba en un taller mecánico. Por su corpulencia física tenía aspecto de ser un futbolista. Podría haberse dedicado al deporte, pero la vida lo llevó a tener que conformarse con trabajar como mecánico.
Una tarde, atendió a una clienta que era una chica rubia, joven y bella. Dijo llamarse Valeria. La chica era muy amable y simpática. Un día fue por segunda vez y otro empleado, Fabricio, quiso atenderla.
-         No, quiero que me atienda Oscar - contestó Valeria.
La tercera vez que fue, Oscar se acercó directamente a atenderla, y la cuarta, Valeria le dijo a Oscar:
-         ¿Querés tener una noche de sexo conmigo? Si tenes un buen departamento, esta noche te visito. No es necesario que me contestes ahora, tomate tu tiempo.
Oscar Córdoba se sorprendió ante el ofrecimiento de la chica. Dejo pasar un rato y esa misma tarde, cuando la chica regresó, le dio la respuesta:
-         Te espero esta noche en mi departamento, es la Calle de Pearl Harbor n° 236 departamento 17.
Así fue como esa noche la chica fue al departamento de Oscar Córdoba. El hombre le ofreció a la chica tomar un licor, Valeria aceptó, pero en un momento en que Oscar estaba distraído, la chica metió un líquido en la copa de Oscar. El hombre no se dio cuenta de nada, tomó el licor y comenzó a tener mucho sueño. Tanto que se sentó a una silla.
Cuando se despertó, Oscar estaba tendido sobre el piso, con las piernas y los brazos atados, mas los pies hacia adelante. Cerca estaba la mesa, donde había un Queso sobre una bandeja. El Queso, un Emmenthal, relucía sus grandes y voluminosos agujeros.
Valeria se tiro al piso y empezo a hacerle cosquillas en los pies.
     - Pero, ¿Que haces, que es todo esto?
- Es un juego, Oscar.
Valeria entonces le hizo cosquillas en los pies, despues se los empezo a lamer, besar y chupar. Cuando termino, le dijo:
-         Vos tenes los pies muy grandes, tus pies huelen a Queso, estan buenos, pero me imaginaba algo mejor. Yo calzo 42, que para una mujer también es un pie muy grande. Toma, olelos, a ver si te gustan.
Atado de pies y manos, Oscar levantó la vista, y no tuvo otro remedio que olerle, chuparle, besarle y lamerle los pies a la mujer. No tenía olor a Queso, los pies de Valeria eran como de una fragancia a perfume, no a esos perfumes caros de París, sino a colonia barata del Conurbano bonaerense. No dejaba de ser un aroma agradable. Cuando terminó, Valeria dándole la espalda a Oscar tomó una enorme espada con sus manos.
Valeria se puso delante de Córdoba, y estecontempló a la chica, que con una espada en la mano, le dijo:
-         Lo siento, Oscar Córdoba, pero soy la Mujer Queso, una asesina serial de hombres, y serás mi próxima víctima.
Oscar no pudo responder nada. La asesina se pusó a su espalda, levantó la espada y la atravesó en el cuerpo a Oscar Córdoba. El cadáver quedo sobre el piso, tumbado, justo al lado del Queso. Valeria arrojó el Queso sobre el cadaver de Córdoba, que yacía tumbado sobre el piso con los ojos abiertos y la espada clavada, de un lado se veía el mango y del otro, la punta. A continuación, la asesina con otro golpe de espada, le arrancó la cabeza.
Al terminar esto, la asesina dijo en voz alta:
-         Oscar  Córdoba.
Y se fue del lugar del crimen en forma tan misteriosa como había llegado. Pero antes tomó las zapatillas de su víctima como trofeo, gigantescas zapatillas, y rato después lucían en la vitrina con los demás pares de zapatos y zapatillas de cada uno de los hombres que había asesinado. Las de Oscar Córdoba tenían la inscripción con el nombre completo de su víctima:
“Oscar Córdoba”.

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