domingo, 20 de marzo de 2016

Dos Quesos y dos Cabezas para Carlos Matías Sandes


En una ciudad de provincia, el equipo de básquet – de destacada actuación en la Liga Nacional – visitó una escuela. Una de las maestras, se acercó a Carlos Matías Sandes, el jugador estrella del equipo, que le firmó un autografo.
-         Todos te admiramos mucho, Matías – le dijo la maestra – toda la ciudad está llena de gozo y regocijo por tu presencia en los South Lambers.
-         Muchas gracias – contestó Sandes – yo solo juego al básquet si hago feliz a la gente, mucho mejor.
-         Quería pedirte un favor, Matías...
-         ¿Cuál?
-         Me gustaría hacerte una nota para nuestro medio colegial...
-         Bueno, acepto con gusto – fue la respuesta de Sandes – pero tengo los tiempos apretados, debe ser hoy mismo, mañana partimos con el equipo a jugar la prestigiosa Copa “Defensores de Yavín”. Te espero en mi casa a las siete de la noche, ¿Te parece bien?
-         Con mucho gusto, allí estaré.
Finalizada la visita a la escuela, el basquetbolista regresó a su casa, pero de camino pasó por la zona roja vió a una prostituta, de conocida reputación en la ciudad.
-         Hola Carlos – le dijo al prostituta al ver acercar la enorme figura de Sandes, que mide más de dos metros y calza un cincuenta y uno.
-         Hola nena. Te espero en mi casa a las siete. Te pagaré el triple de lo habitual.
-         Allí estaré, Carlos.
Aquella noche, mientras esperaba que fueran las siete, Carlos Matías Sandes permaneció solo en su casa, haciendo lo que más le gustaba, comiendo Queso Gruyere, con sus enormes pies descalzos apoyados sobre la mesa. En un mueble ubicado al costado de la mesa, relucían dos grandes hormas de Queso Gruyere y otra de Queso Emmental.
Estaba vestido con una casaca de básquet de Boca Juniors y sus manos permanecían cubiertas con gruesos guantes negros de cuero.
Ya no quedaban ni los agujeros del Queso Gruyere que estaba comiendo, cuando sonó el timbre. Carlos Matías Sandes pensó en voz alta:
-         ¿Será la maestra o la prostituta?
Se asomó entonces a la ventana y observó que era la maestra. Agarró entonces un algodón y lo mojó en cloroformo. Le abrió la puerta, pero Sandes se puso detrás de ella. La maestra entró y no vió a nadie.
-         ¿Matías? – dijo la maestra.


El basquetbolista la tomó por detrás, con la fuerza que tiene un hombre que mide dos metros y calza cincuenta y uno, pusó el cloroformo sobre la nariz de la maestra, y la redujó sin problemas.
El basquetbolista ató a la maestra que estaba desvanecida en un sofá de pies y manos. Cuando terminó sonó el timbre.
-         Es la prostituta – dijo entonces Sandes.
Otra vez se repitió la escena, abrió la puerta se puso detrás de ella, la prostituta entró y no vió a nadie.
-         ¿Carlos? – preguntó entonces la prostituta.
Sin mayores problemas, Sandes la redujó con el cloroformo, y estando desvanecida, la ató de pies y manos juntó a la maestra.
Algún rato después, tanto la maestra como la prostituta se despertaron e intentaron moverse pero atadas, nada pudieron hacer, solo gritar desesperadamente.
Carlos Matías Sandes, con un machete en sus manos, se acercó a las dos mujeres y les dijo:
-         Las asesinaré, chicas. Griten lo que quieren, nadie vendrá en su ayuda.
Las mujeres gritaron en forma más desesperada aún, presas del pánico y terror, pero el basquetbolista redobló la apuesta y les dijo:
-         Tendrán el placer de oler mis pies antes de ser asesinadas.
Entonces, Carlos Matías Sandes, se paró encima de las dos mujeres, aplastándolas literalmente, y puso sus enormes pies sobre ella, el izquierdo sobre la maestra, el derecho sobre la prostituta. Las chicas olieron, lamieron, besaron y chuparon los pies del basquetbolista, impregnados de un apestante, intenso y sofocante olor a Queso. Era impresionante. Luego, el basquetbolista se dio vuelta y puso su pie izquierdo sobre la prostituta y el derecho sobre la maestra. Otra vez pasó lo mismo, el olor a Queso de Carlos Matías Sandes era de una magnitud indescriptible.
-         ¿Vieron chicas? ¡Por eso mis compañeros me dicen “el Queso”, aunque yo en realidad soy un “Queson”, je, je!
Cuando terminó de jugar con los pies, Carlos Matías Sandes agarró los Quesos y los tiró sobre las mujeres, luego las asesinó a machetazos hasta arrancarle la cabeza, primero a la maestra, luego a la maestra. Al terminar, Carlos Matías Sandes otra vez arrojó los Quesos sobre sus víctimas, diciendo en voz alta:
-         Queso.
Era ya muy tarde, el reloj marcaba que eran más de las dos de la mañana, cuando sobre un descampado de la zona sur de la ciudad, la enorme figura de un basquetbolista, Carlos Matías Sandes, vestido totalmente de negro, de la cabeza a los pies, tiró el cadáver de la maestra y la cabeza de la prostituta, sobre los mismos, arrojó un Queso, diciendo en voz alta:
-         Queso.
Rato después, en otro descampado, pero de la zona norte de la ciudad, Carlos Matías Sandes, el basquetbolista tiró el cadáver de la prostituta y la cabeza de la maestra, arrojando un Queso sobre los mismos, diciendo en voz alta:
-         Queso.
Al día siguiente, el equipo de básquet de la ciudad emprendió el viaje, en medio de la conmoción generalizada por el descubrimiento de los dos cadáveres, el de la prostituta y el de la maestra, con las cabezas invertidas, y los Quesos sobre ellas.
-         ¿Quién pudo hacer algo tan salvaje y macabro? – comentó uno de los basquetbolistas.

-         Un Queson – fue la respuesta de Carlos Matías Sandes.

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