viernes, 19 de febrero de 2016

Tres Carlos, Futbolistas y Asesinos



Era la víspera de un partido muy importante, y sin que nadie se diera cuenta, el futbolista Carlos “el Cali” Izquierdoz abandonó la concentración de Lanús.
Antes de hacerlo, se vistió totalmente de negro, incluyendo unos gruesos guantes de cuero que le cubrían la mano, tomó un cuchillo muy largo y filoso, y un enorme Queso. Al revisar sus pertenencias, pensó en voz alta:
-         Tengo dos horas, tiempo suficiente para cumplir mi objetivo.
Rato después, Carlos tocó el timbre de una casa. Una mujer, de unos treinta y pico de años acudió al llamado.
-         ¿Quién es?
-         Carlos – fue la respuesta del futbolista, en un tono que mezclaba frialdad y cinismo – Carlos Izquierdoz. Carlos Roberto Izquierdoz, a quien llaman “el Cali”.
Sorprendida, la mujer abrió la puerta y vió ante ella al futbolista de Lanús, totalmente vestido de negro, con un cuchillo en su mano derecha, y un Queso en la izquierda.
Carlos Izquierdoz entró en la casa, cuchillo en la mano, mientras la mujer retrocedía aterrorizada y presa del pánico.
-         ¡No puede ser! ¡Vos tenés que estar en la concentración de Lanús!
-         Así es – dijo Carlos sonriendo con cinismo – pero aca estoy, he venido a asesinarte. Soy un Queson, un asesino Queson.
-         ¡Noooo! – gritó la mujer desesperada - ¡Socorro! ¡El Cali Izquierdoz quiere asesinarme!
El futbolista tomó el cuchillo y comenzó a atacar a la mujer, que desesperada intentó defenderse. Forcejeó y opuso una dura resistencia, pero nada pudo hacer, la furia criminal del Cali Izquierdoz le asestó no una, sino decenas de puñaladas, fueron como sesenta o setenta, cuando el asesino finalmente dio por terminada la tarea.
El asesino entonces tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de su víctima, diciendo en voz alta:
-         Queso.
Abandonó el lugar y rato después, sin que nadie se diera cuenta de su ausencia ni de regreso, Carlos Izquierdoz estaba otra vez durmiendo en la concentración de Lanús.
Cuenta la leyenda que al día siguiente, el “Cali” tuvo una destacada actuación en el trascendental partido que jugó su equipo. Lo eligieron mejor jugador y cuando lo entrevistaron contestó a la prensa:
-         Jugué muy bien porque anoche comí un Queso, je, je.



Aquel fin de semana, también Tigre iba a jugar un partido muy importante y sus jugadores permanecían en la concentración. No obstante, Carlos “el Chino” Luna, goleador y figura del equipo, sin que nadie lo notara, abandonó el lugar.
Antes de hacerlo, se vistió totalmente de negro, incluyendo unos gruesos guantes de cuero que le cubrían la mano, tomó un revolver largo con silenciador, y un enorme Queso. Al revisar sus pertenencias, pensó en voz alta:
-         Tengo dos horas, tiempo suficiente para cumplir mi objetivo.
Rato después, Carlos tocó el timbre de una casa. Una mujer, de unos treinta y pico de años acudió al llamado.
-         ¿Quién es?
-         Carlos – fue la respuesta del futbolista, en un tono que mezclaba frialdad y cinismo – Carlos Luna. Carlos Ariel Luna, a quien llaman “el Chino”.
Sorprendida, la mujer abrió la puerta y vió ante ella al futbolista de Tigre, totalmente vestido de negro, con un revolver con silenciador en su mano derecha, y un Queso en la izquierda.
Carlos Luna entró en la casa, revolver con silenciador en la mano, mientras la mujer retrocedía aterrorizada y presa del pánico.
-         ¡No puede ser! ¡Vos tenés que estar en la concentración de Tigre!
-         Así es – dijo Carlos sonriendo con cinismo – pero aca estoy, he venido a asesinarte. Soy un Queson, un asesino Queson.
-         ¡Noooo! – gritó la mujer desesperada - ¡Socorro! ¡El Chino Luna quiere asesinarme!
El futbolista agarró el revolver con silenciador y efectuó seis disparos. Los seis balazos impactaron en el cuerpo de la mujer, entonces el asesino finalmente dio por terminada la tarea.
El Chino Luna agarró el Queso y lo tiró sobre el cadáver de su víctima, diciendo en voz alta:
-         Queso.
Abandonó el lugar y rato después, sin que nadie se diera cuenta de su ausencia ni de regreso, Carlos Luna estaba otra vez durmiendo en la concentración de Tigre.
Cuenta la leyenda que al día siguiente, el “Chino” tuvo una destacada actuación en el trascendental partido que jugó su equipo. Lo eligieron mejor jugador y cuando lo entrevistaron contestó a la prensa:
-         Jugué muy bien porque anoche comí un Queso, je, je.



Cuenta la leyenda que mientras en los equipos de Tigre y Lanús ocurrieron estas cosas, también el futbolista Carlos “el Hacha” Quintana abandonó la concentración de Huracán.
Antes de hacerlo, se vistió totalmente de negro, incluyendo unos gruesos guantes de cuero que le cubrían la mano, tomó un hacha de gran tamaño, y un enorme Queso. Al revisar sus pertenencias, pensó en voz alta:
-         Tengo dos horas, tiempo suficiente para cumplir mi objetivo.
Rato después, Carlos tocó el timbre de una casa. Una mujer, de unos treinta y pico de años acudió al llamado.
-         ¿Quién es?
-         Carlos – fue la respuesta del futbolista, en un tono que mezclaba frialdad y cinismo – Carlos Quintana. Carlos Gustavo David Quintana, a quien llaman “el Hacha”.
Sorprendida, la mujer abrió la puerta y vió ante ella al futbolista de Huracán, totalmente vestido de negro, con un hacha en su mano derecha, y un Queso en la izquierda.
Carlos Quintana entró en la casa, hacha en la mano, mientras la mujer retrocedía aterrorizada y presa del pánico.
-         ¡No puede ser! ¡Vos tenés que estar en la concentración de Huracán!
-         Así es – dijo Carlos sonriendo con cinismo – pero aca estoy, he venido a asesinarte. Soy un Queson, un asesino Queson.
-         ¡Noooo! – gritó la mujer desesperada - ¡Socorro! ¡El Hacha Quintana quiere asesinarme!
El futbolista tomó el hacha y comenzó a atacar a la mujer, que desesperada intentó defenderse. Forcejeó y opuso una dura resistencia, pero nada pudo hacer, la furia criminal del Hacha Quintana le asestó no unoa, sino decenas de hachazos, fueron como veinte o treinta, cuando el asesino finalmente dio por terminada la tarea.
El asesino entonces tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de su víctima, diciendo en voz alta:
-         Queso.
Abandonó el lugar y rato después, sin que nadie se diera cuenta de su ausencia ni de regreso, Carlos Quintana estaba otra vez durmiendo en la concentración de Huracán.
Cuenta la leyenda que al día siguiente, el “Hacha” tuvo una destacada actuación en el trascendental partido que jugó su equipo. Lo eligieron mejor jugador y cuando lo entrevistaron contestó a la prensa:
Jugué muy bien porque anoche comí un Queso, je, je.



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