domingo, 13 de diciembre de 2015

Bon Appetit, una nueva aventura de Carlos Melia, el Queso Gay


En la antigua mansión Howard, una dama de la alta sociedad, la señora Johnson (49) estaba charlando sobre bueyes perdidos con la señora Anderson (46). La sirvienta, de nombre Joanna, apareció en la habitación y preguntó:
- ¿Traigo el te señora Johnson?
- Por supuesto, Joana. Por favor, con el pastel de almendras que trajó como obsequio la señora Anderson.
- Ah, señora Johnson – dijo la sirvienta – ya está en la casa el señor Carlos Fabián Melia, el mayordomo y chofer que mandaron para reemplazar a Alfred.
- Muy bien, dígale al señor Carlos que prepare el coche, cuando terminemos con el té y el pastel nos vamos a las tiendas Moodys con la señora Anderson.
La sirvienta se retiró de la habitación, y la señora Anderson le comentó a la señora Johnson:
- ¿Qué paso con el viejo y querido Alfred?
- Nuestro querido Alfred se tomó unas merecidas vacaciones. Pero obviamente necesitamos un chofer, entonces pedí un reemplazante.
La sirvienta preparó un té y el pastel de almendras, y lo puso sobre una bandeja, la tomó y comenzó a dirigirse hacia la habitación donde se encontraban las señoras Johnson y Anderson. No se dio cuenta, pero detrás de ella, en forma muy silenciosa, estaba Carlos, el chofer, vestido totalmente de negro, con unos guantes que le cubrían la mano. El tema es que con los guantes, Carlos Melia, sostenía un revolver largo con silenciador.
- Bon appetit, mademoiselle – dijo Carlos.
En ese momento, Carlos se puso detrás de la sirvienta, y en un gran doble movimiento que solo los grandes asesinos pueden realizar, le disparó un balazo en la espalda y tomó la bandeja con el té y el pastel, sin que nada se le cayera.


La sirvienta cayó muerta, Carlos puso la bandeja sobre una mesa en un costado, sacó un gran Queso de una valija y lo tiró sobre el cadáver de la infortunada chica, diciendo en voz alta:
- Queso.
A continuación, Carlos tiró el té y el pastel a la basura, y puso sobre la bandeja dos Quesos. Guardó el revolver con silenciador en la cintura, tomó la bandeja y se dirigió hacia el lugar donde estaban las señoras Johnson y Anderson.
- Buenas tardes señoras – les dijo Carlos.
- ¿Usted es Carlos?
- Yo soy Carlos.
- ¿Y Joana?
- Joana está muerta, acabo de asesinarla...
Las señoras Johnson y Anderson quedaron sorprendidas y aterrorizadas a su vez al escuchar esas palabras de Carlos, que con gran rapidez y tranquilidad, puso la bandeja con los Quesos sobre una mesa, sacó el revolver con silenciador, apuntó hacia las mujeres y dijo:
- Soy Carlos Melia, el Queso Gay, asesino Queson y asesino a sueldo especializado en mujeres, lo siento señoras pero me pagan muy bien por hacer esto...
No hubo más palabras, Carlos disparó un balazo que impactó sobre la cabeza de la señora Anderson, y otro que impactó sobre la cabeza de la señora Johnson. Era su costumbre efectuar otros disparos y entonces descargó más balazos sobre sus víctimas. Cuando terminó, Carlos tomó los Quesos y los tiró sobre sus víctimas.
- Queso – dijo en voz alta cuando le tiró el Queso a la señora Anderson.
- Queso – dijo en voz alta cuando le tiró el Queso a la señora Johnson.
Carlos Melia, el Queso Gay, abandonó el lugar del crimen, por el que le iban a pagar unos cien mil dolares...



1 comentario:

  1. ja ja un cago de risa las historias del Queso Gay

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