jueves, 2 de julio de 2015

Valeria, la Quesona y Marcelo, el Quesudo


No sabemos como llegaron ni donde, tampoco porque, pero imaginemos que Marcelo Tinelli y Valeria Mazza estaban los dos solos, en una habitación en algún lugar de lujo acorde a lo que estas dos personas exigen y requieren.
Marcelo estaba acostado, totalmente desnudo, sobre la cama, con sus dos enormes pies talle cuarenta y cuatro sobresaliéndole de la misma. Valeria también estaba totalmente desnuda. Sobre una mesa, muy cerca, de la cama, había una enorme y gigantesca horma de Queso Emmenthal, que sobresalía por sus grandes y voluminosos agujeros.
- ¿Por qué este Queso, Valeria? – le preguntó Marcelo a Valeria.
- Es parte del juego – le aclaró Valeria – te dije que nos vamos a divertir mucho, ya vas a ver.
- ¡Pero este Queso tiene una baranda, che!
- No, Marcelo, el olor a Queso viene de tus pies, y de los míos. Vos sos un Queson y yo una Quesona, ja, ja.
- ¿Un Queson, yo? – se rió Marcelo – Ja, ja, para ser Queson hay que llamarse Carlos, yo me llamó Marcelo, que Carlos ni Carlos.
- Bueno, quizás vos no seas un Queson, apenas un Quesudo, pero yo sí soy una Quesona.
- ¿En serio?
- Sí, mirá Marcelo, olé mis pies...


Valeria Mazza, que calza cuarenta y dos, puso sus pies encima del rostro de Marcelo, este comenzó a olerlos, chuparlos, besarlos y lamerlos, una y otra vez. Los pies de Valeria Mazza olían a Queso, pero era un Queso fuerte y agradable a la vez, como el olor que genera un fromage francés, delicado y delicioso. Marcelo quedó extasiado por el olor de los pies de Valeria.
- ¿Y te gustaron mis Quesos, Marcelo?
- Y sí, sos muy Quesuda, que diga Quesuda, una Quesona, una Requesona...
- A ver los tuyos, sí huelen más que los míos...
Marcelo, sin dejar de estar acostado en la cama, extendió sus enormes pies hacia la cara de Valeria, que permaneció apoyada de rodillas. 
Valeria entonces tomó una pluma y empezó a hacerle cosquillas en los pies a Marcelo, que no paró de reírse y de emitir carcajadas tras carcajadas mientras la chica lo cosquilleó. Le pasó la pluma por encima de las plantas de los pies, y después por cada dedo con sumo detalle. 



Cuando terminó, Valeria empezó a oler los pies de Marcelo. Sintió una profunda decepción. Olían a Queso, un Queso muy fuerte, pero Valeria sintió que era un Queso de segunda mano, no era el Queso que ella imaginaba.
- ¿Y te gustaron, Valeria?
- No, Marcelo, no te voy a mentir. Creía que tenías Quesos más ricos.
- Te lo dije, Valeria. Soy Quesudo, pero no soy Queson.
- Sí, ya me dí cuenta, Marcelo.
- ¿Y ahora?
- Y ahora viene lo mejor...
Valeria agarró un enorme cuchillo y se acercó a Marcelo, que la veía aterrorizada, la chica descargó una puñalada con furia, ante el horror de Marcelo, pero la puñalada impacto en una de las almohadas...
- ¿Creías que te iba a matar? ¡Ja, ja!
Marcelo respiró algo aliviado, pero ahora Valeria agarró una almohada y la pusó sobre la cabeza de Marcelo, tapándole la vista.
- ¿Qué haces loca, ahora? – le dijo riéndose Marcelo a Valeria.
- Ya vas a ver, te va a gustar, quedate así, con los ojos cerrados.


Sin que Marcelo la viera, dado que tenía una almohada sobre su cabeza, Valeria se puso guantes negros en sus manos y sacó de una cartera, un revolver largo con silenciador. Se acercó a Marcelo, y se pusó frente a él, le apuntó entonces hacia la cabeza.
- ¿Y Valeria? ¡Estoy esperando!
La respuesta de Valeria no fue ninguna palabra, sino un disparo que efectuó hacia la cabeza de Marcelo, que obviamente no la veía. El disparo fue muy efectivo y todo indicaba que había dado en la cabeza de Marcelo, cuyo cuerpo permanecía inmóvil.
La asesina entonces volvió a guardar el revolver, y siempre con guantes en la mano, agarró el Queso y lo tiró sobre el cuerpo de su víctima, que seguía con el almohadón sobre la cabeza.
- Queso – dijo en voz alta la asesina.
Valeria Mazza era una asesina de hombres, una asesina serial o una asesina a sueldo (lo que el lector prefiera o imagine), que solía llevarse como trofeo los zapatos o las zapatillas de cada uno de los hombres que asesinaba. Por eso, buscó los grandes zapatos talle cuarenta y cuatro de Marcelo Tinelli, los agarró y los guardo en sus pertenencias.
Antes de irse del lugar, la asesina contempló el cadáver del hombre que había asesinado, con el Queso encima, y dijo en voz alta el nombre de su víctima:
- Marcelo Tinelli.
Su víctima permanecía con el almohadón sobre la cabeza. La Quesona decidió contemplar el rostro del hombre al que había asesinado y retiró el almohadón.  Pero para su sorpresa y horror, Marcelo Tinelli abrió los ojos, le sonrío y le dijo:
- ¿Creías que ibas a asesinar a Marcelo Tinelli?
- ¡Noooo! – gritó la Quesona.


La Quesona entonces volvió a agarrar el revolver, lo tomó con gran nerviosismo y descargó todos los balazos sobre Marcelo Tinelli hasta quedarse sin municiones. Pero Marcelo Tinelli resistió todas las balas, no solo seguía vivo, sino que se levantó de la cama.
- Son balas de fogueo, pelotuda, antes de entrar acá, mis custodios te la cambiaron, ¿En serio creíste que iba a ser tan fácil asesinar a Marcelo Tinelli?
Marcelo siguió caminando mientras Valeria retrocedía espantada. En ese momento, ingresaron los custodios. Los custodios eran dos hombres muy altos y patones, hermanos mellizos, rugbiers, uno se llamaba Carlos Gerardo Lazcano Miranda, le decían “Charly”, el otro Carlos Isaac Lazcano Miranda, le decían “Carlitos”...
La asesina quedó contra la pared, horrorizada, observando a los dos rugbiers, detenida por el miedo y el pánico...
- Me gustaría asesinarte con mis propias manos, te estrangularía en este mismo momento – dijo Marcelo Tinelli – pero no me voy a ensuciar de esta manera. Charly y Carlitos, asesínenla ustedes que se llaman Carlos.


En ese momento Charly tomó un puñal y lo lanzó sobre la mujer, clavándoselo en el corazón. En forma simultanea, Carlitos, apuntó con su revolver con silenciador hacia la asesina y le disparó un balazo en la frente. La asesina cayó muerta de inmediata, como consecuencia de haber recibido en forma simultanea una puñalada y un balazo.
- Tírenle el Queso que me había tirado a mí – dijo Marcelo Tinelli a los dos rugbiers - Digan en voz alta la palabra: “Queso”.
Charly y Carlitos entonces tomaron juntos el enorme Queso que minutos antes le habían tirado a Marcelo Tinelli, y lo tiraron sobre el cadáver de la asesina diciendo al unísono en voz alta:
- Queso.
Cuando terminaron los dos rugbiers le preguntaron a Marcelo:
- ¡Esta mina era Valeria Mazza!
- No, no era. Era muy parecida, pero no era, se había operado para parecerse. Era una loca.
- ¿Y ahora que hacemos con el cadaver?
- Salgamos del lugar, no se preocupen, mis contactos en la policía van a limpiar el lugar y de esta mina no se va a acordar nadie.
- ¿Y la prensa? ¡Esto va a ser un escándalo!
- Nadie se va a enterar de nada. Esta era una loca, nada más, no hay nada ni nadie detrás de ella, habrá que tener más cuidado de ahora en más. Bueno, muchachos, apurémonos un poco, en una hora empieza el partido de San Lorenzo.



1 comentario:

  1. ¡Cuánta falta me hacían las historias de quesonas, quesudos y quesitos! Gracias por el buen momento.

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