domingo, 12 de julio de 2015

La Noche del Domingo de Karina Mazzoco


El domingo estaba llegando a su fin y la ciudad parecía terminar su letargo para entrar en el bullicio y las tribulaciones de una nueva semana laboral. Un auto se detuvo frente a una coqueta casa de departamentos. En el iban una mujer y un muchacho... ella era Karina Mazzoco, él Mario Guerci.
-         Hemos pasado un fin de semana espectacular, Mario – le dijo Karina a Mario.
-         Sí, lástima que debe terminar, estoy muy cansado...
-         Sí no hubiéramos tenido tanto sexo este fin de semana te decía que te quedarás esta noche conmigo.
-         Igual, no puedo, tengo que ir a ver a mi tía Fulgencia.
-         Entiendo, Mario.
-         Pero es solo por un rato, mañana nos juntamos para almorzar, podemos ir a Glendales.
-         Prefiero ir a Dorsia.
-         ¿Dorsia? Bueno, ahora hago la reserva, ya sabés como son las cosas ahí.
-         Por supuesto, Mario.
-         Bueno, Karina, te amo.
-         Yo también te amo, hasta mañana.
-         Hasta mañana, mi amor.


Karina abandonó el auto y entró al edificio. Cuando ya estaba adentro, Mario abandonó el lugar con su auto. Karina entró al ascensor, llegó al departamento, e ingresó al mismo. Dejó sus cosas en el living comedor, fue al dormitorio, e ingresó al baño para ducharse y después cambiarse.
Lógicamente por el ruido de la ducha, Karina no escuchó que alguien entró a su departamento. Este alguien desarrolló movimientos muy lentos para no ser así escuchado. Era un hombre muy alto, con dos enormes pies, vestido totalmente de negro, con un campera y polera sobre el cuerpo, guantes y un pasamontaña que le cubría la cara. Con su mano derecha sostenía un enorme cuchillo y con sus gigantescos pies, como si fuera una pelota de fútbol, el enmascarado iba pateando una enorme horma de Queso Gruyere.


El enmascarado entró al dormitorio de Karina y esperó que la chica saliera del baño. Cuando lo hizo, la sorprendió desde atrás, la tomó por detrás, y la chica horrorizada intentó resistirse pero la furia del asesino la tiró sobre la cama, y comenzó a apuñalarla salvajemente. Cuchillazo va, cuchillazo viene, le dio como ochenta, noventa, cien puñaladas. Cuando terminó, el asesino tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de la víctima.
-         Queso – dijo en voz alta.



Dejó entonces el cuchillo clavado en el estomago de su víctima y el Queso sobre el cadáver.
El asesino se retiró del departamento, mientras estaba en el ascensor bajando, se sacó el pasamontañas que le cubría el rostro. Con la misma impunidad con que había llegado al lugar, se retiró del mismo.
Iba caminando por la calle, pasaron por el lugar un grupo de chicos, que pararon al asesino y le dijeron:
-         ¿Vos sos Carlos “Chiquito” Bossio, no? ¡El que le hizó un gol a Racing cuando jugaba en Estudiantes!
-         Sí, soy yo, Carlos Gustavo Bossio, pero todos me conocen como “Chiquito”.
-         ¿Nos firmás un autógrafo?
-         Por supuesto, uno para cada uno.
Carlos “Chiquito” Bossio entonces sonrió se sacó fotos con los chicos y firmó autógrafos para todos.



1 comentario:

  1. y la verdad es que a Karina Mazocco muchos la quisieran partir como un Queso

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...