domingo, 15 de marzo de 2015

Los Tres Carlos con sus Quesos viajan en tren


Era una gris y lluviosa tarde de otoño sobre la ciudad de Buenos Aires. La señora Van Grolman, una mujer de unos cuarenta años, muy bien vestida, y con un equipaje importante, esperaba un taxi en una de las esquinas céntricas. Finalmente, un taxi se paró frente a ella y ascendió al mismo.
-         Buenas tardes – dijo el taxista.
-         Buenas tardes. Hasta la estación Retiro.
El taxista se dirigió entonces a la estación Retiro. Era un viaje de unas doce cuadras, pero el intenso tráfico demoró el trayecto más alla de lo previsto. Finalmente el viaje llegó a su fin.
-         ¿Cuánto le debo?
-         Dieciocho libras – fue la respuesta del taxista.
Van Grolman agarró un billete de veinte libras y se lo entregó al conductor.
-         Suficiente, quédese con el vuelto.
El taxista ayudó a la viajera a descender el equipaje.
-         Muchas gracias, señor, se lo agradezco mucho.
-         De nada, buen viaje, señora.


La mujer ingresó a la estación y escuchó que los parlantes ya estaban anunciando la partida de su tren, en unos quince minutos.
-         Trenes Argentinos anuncia la salida del tren n° 601 “Estrella del Norte” con destino ciudad de San Miguel de Tucumán, y paradas intermedias en Rosario, Rafaela y La Banda, más combinaciones a Santiago del Estero, Termas de Río Hondo, Salta, Jujuy y La Quiaca, por la plataforma n° 1.
Van Grolman se dirigió entonces a la plataforma n° 1, quizás no se dio cuenta que tres hombres muy altos y patones, vestidos con sombrero, pilotos, poleras, pantalones y guantes de color negro, la estaban siguiendo. La mujer lo ignoraba, pero eran tres peligrosos y sanguinarios asesinos de mujeres.
-         Miren, Hacha, Chino, alla va nuestro objetivo – dijo uno de los hombres, se trataba de Carlos Izquierdoz, a quien llamaban el “Cali”.
-         Sí, Cali, apurémonos un poco, pero estamos bien. No habrá problemas – fue la respuesta de Carlos Quintana, a quien llamaban el “Hacha”.
-         Cali, Hacha, ¿Vamos los tres juntos? – preguntó Carlos Luna, a quien llamaban el “Chino”.
-         Chino, vamos los tres juntos – respondió Carlos Quintana. Cada uno de los tres Carlos llevaba un bolso.
De los tres Carlos, el más alto era Quintana, que medía 1,92 metros y calzaba 47; Izquierdoz medía 1,90 y calzaba 46; Luna, el más bajo de los tres, medía 1,85 y calzaba 45. Los tres tenían un fuerte e intenso olor a Queso en los pies.


Finalmente, la mujer llegó al tren, y se subió a uno de los coches de Clase Ejecutiva. Ingresó a uno de los compartimentos, con lugar para seis asientos. Dos de ellos ya estaban ocupados, en uno había una mujer de unos cincuenta años, en otro una chica, con aspecto de estudiante.
-         Buenas tardes – dijo la mujer.
-         Buenas tardes – le contestaron.
Entonces la mujer se sentó en su lugar. El “Estrella del Norte” partió puntualmente rumbo a San Miguel de Tucumán.
Con el tren ya en marcha, y mientras cruzaba el llamado “Empalme Maldonado”, tres hombres ingresaron al compartimento. Eran Carlos Izquierdoz, Carlos Quintana y Carlos Luna. Los tres vestidos totalmente de negro, incluyendo piloto, polera, guantes, sombrero y zapatos.
Las tres mujeres en principio no se asustaron pues pensaron que eran los ocupantes de los tres lugares que aún quedaban vacíos. Cuando se dieron cuenta de que no era así, ya era muy tarde para reaccionar.
-         Buenas tardes, señora Van Grolman, soy Carlos Izquierdoz, el “Cali”, vengo a asesinarla – dijo Carlos Izquierdoz poniéndose encima de la señora Van Grolman.
Carlos Izquierdoz sacó entonces un enorme cuchillo y la apuñaló sin mayores contemplaciones. Fueron como treinta puñaladas, una tras otra. Dejó el cuchillo clavado sobre su víctima, y cuando terminó, sacó un Queso Pategras de su bolso, y lo tiró su víctima diciendo:
-         Queso.

Mientras Carlos Izquierdoz asesinaba a la señora Van Grolman, en el mismo compartimento, Carlos Luna se puso encima de la señora de cincuenta años, cuyo nombre desconocía, sacó un revolver mágnum calibre 500 con silenciador.
-         Soy Carlos el “Chino” Luna, lo siento, pero no deben quedar testigos – dijo Carlos Luna.
Entonces disparó sobre la cabeza de la mujer, que quedó muerta en su asiento. Cuando terminó, sacó un Queso Pategras de su bolso, y lo tiró su víctima diciendo:
-         Queso.


Mientras Carlos Izquierdoz y Carlos Luna asesinaban a sus victimas, Carlos Quintana quedó frente a la estudiante y le dijo:
-         Soy Carlos Quintana, me dicen el “Hacha” y ya vas a saber por que.
Fue entonces cuando Carlos Quintana sacó un hacha de sus pertenencias. La estudiante lo miró horrorizada.
-         No se quien sos. Teníamos ordenes de asesinar a la señora Van Grolman. Mi compañero Carlos Izquierdoz la está asesinando. Pero no deben quedar testigos.
Carlos Quintana levantó el hacha y le partió la cabeza a la estudiante de un solo golpe.
Cuando terminó, sacó un Queso Pategras de su bolso, y lo tiró su víctima diciendo:
-         Queso.


El tren seguía su marcha. Cuando estaba por pasar por Monroe, donde se estaba llevando una importante obra ferrovial, la velocidad disminuyó considerablemente, a tal punto que en uno de los tramos era una velocidad casi a paso de hombre. Los tres Carlos entonces bajaron del tren sin mayores inconvenientes y se dirigieron hacia la avenida Monroe.
-         ¿Qué hacemos ahora? – preguntó Carlos Luna.
-         Vamos a comer un Queso, me parece que después de esto, es lo que merecemos – respondió Carlos Quintana.
-         Tienen razón, una buena picada en “Lo de Carlos”, la picada a los cinco Quesos: Reggianito, Gruyere, Parmesano, Pategras y Emmental – acotó Carlos Izquierdoz.
-         Aunque nosotros seamos tres Quesos, ja, ja.

Y los tres Carlos se dirigieron entonces al famoso restaurante especialista en Quesos “Lo de Carlos”.

2 comentarios:

  1. otra vez el satiro del queso?

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  2. dejate de joder con eso de que todos los asesinos se llaman Carlos y siempre tiran un Queso!!!

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