miércoles, 10 de diciembre de 2014

El Primer Queso de Carlos Delfino

Una vez más la profesora Esther Ramírez desaprobó al joven Carlos Delfino del examen de Historia Antigua y Medieval. Ya era la tercera vez que ocurría lo mismo. Era obvio que a Carlitos no le importaba demasiado saber quien fue Aristóteles o Julio César, o como eran las culturas egipcias o griegas. Lo suyo era el básquet, donde se destacaba como el mejor jugador de la Universidad de la Unión Tatengue. No era para menos: medía dos metros y calzaba cincuenta. Condiciones para el Básquet le sobraban, tanto que su nivel ya era demasiado superior para las competencias estudiantiles. Su destino debían ser las ligas profesionales.


Pero aunque la historia de los tiempos antiguos y medievales no es algo fundamental ni importante para jugar al básquet, sí era requisito de la Universidad de la Unión Tatengue que para promover a un jugador a las ligas profesionales, debía tener todos los examenes aprobados. Carlos Delfino no tenía el suyo, y esto era un inconveniente. Podría pedir una mesa de examen en una semana y se la otorgarían. Pero la misma la iba a presidir la señora Esther Ramírez, que parecía empeñada en no aprobar a Carlitos. Siempre haciendo las mismas preguntas, una y otra vez.
·       Por favor, señor Delfino, hágame una descripción de las clases sociales y del sistema de gobierno de Esparta.
·       A ver, señor Delfino, digame un breve resumen de las crisis que padeció la República Romana antes de la llegada de Augusto.
·       Ya veo, señor Delfino, que de Esparta y de Roma, no sabe gran cosa. Probemos ahora con algo de la edad media. Hablame de la dinastía Carolingia. Usted lo debería saber muy bien, pues se llama Carlos, como el fundador de esa estirpe.



Carlitos se acordaba de las preguntas una y otra vez. La última vez su examen no había sido brillante, pero sí bastante aceptable, dos de los tres integrantes de la mesa, el profesor Pablo Prigioni y la profesora Juana Espil lo hubieran aprobado. Pero la señora Esther Ramírez se negó rotundamente. Y un nuevo examen no tenía sentido, pues Ramírez iba a estar otra vez al frente de la mesa.
Carlitos empezó a mirarse al espejo, un espejo bien grande, puesto bien arriba, pues como dijimos anteriormente, Carlitos mide dos metros, y comenzó a pensar.
-         Hay una manera. Es drástica y lamentable, pero hay una forma de terminar con todo esto. A mí la chance de jugar en las ligas profesionales del baloncesto no me la va a quitar nadie, ni Ramírez ni nadie. Debo hacerlo, al fin y al cabo, es solo un Queso. Será difícil porque lo voy a hacer por primera vez, pero debo actuar con frialdad, es solo un Queso. Debo aceptar mi destino, por algo me llamo Carlos. Me convertiré en Queson, como Carlos Bossio o Carlos Ignacio Fernández Lobbe, no tengo opción. Ellos no me dieron la opción.
Carlos se vistió de negro, con un disfraz similar al de la película Scream, se puso guantes negros en las manos y tomó un enorme cuchillo de cocina, el más grande que podamos imaginar. Pasó por la Quesería, se metió por detrás, y sin que nadie lo viera, robó una enorme horma de Queso Gruyere.
Rato después entró al departamento de la profesora, ubicado en una de esas casas nuevas que la gobernación construyó cerca de la Laguna. Sabía que la profesora no tardaría en llegar, aunque estaba dispuesto a esperar todo lo que fuese necesario.


No pasó mucho tiempo, cuando la profesora Ramírez llegó a su casa. Entró en la misma, y mientras estaba acomodando su ropa en el living, sintió la sensación de que la estaban espiando, de que alguien la estaba mirando. Se dio vuelta, y se dirigió al pasillo, no vio a nadie. Volvió, y mientras agarraba un whisky, pensó:
-         Ma sí, son imaginaciones mías, no hay nadie. Quizás deba dejar la bebida, pero hoy no, me voy a tomar un whisky.
En ese instante, como salido de la nada, Carlitos la atacó por detrás y le pusó el cuchillo sobre el pecho, a continuación y con una enorme frialdad y determinación, sin dudarlo siquiera, comenzó a apuñarla en forma salvaje, una y otra vez. Fueron decenas y decenas de cuchillazos. La mujer ya estaba muerta, totalmente ensangrentada, y Carlos seguía apuñalandola. Finalmente, Carlos Delfino tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de su víctima, diciendo en voz alta:
-         Queso.


Carlitos abandonó el lugar. Al día siguiente la noticia de la muerte causó una gran conmoción en toda la ciudad. A Carlitos mucho no le preocupó, aunque sintió cierta tensión cuando lo llamaron de la dirección de la Universidad. El doctor Malvicino, rector de la misma, lo recibió en persona y le dijo:
-         Por supuesto que la muerte, trágica muerte, de la señora profesora Esther Ramírez es un hecho lamentable. Parece que fue víctima de un asesino serial que se dedica a tirarle Quesos a su víctima. En la Capital y en la Costa ya hubo varios casos. Pero, bueno señor Delfino, usted ahora no tendrá problemas en acceder a un nuevo examen. Le haremos un par de preguntas fáciles sobre los dioses de la antigua Grecia y Roma, con eso alcanzará. Estudié este papel – y le dio un papel – repaselo bien y entonces, el examen lo aprobará y podrá pasar a las Ligas Profesionales del Baloncesto. Por eso lo he llamado. ¿No le parece una buena ocasión para brindar?


Y así, Malvicino y Delfino chocaron las copas de champagne. Ahora sí, Carlitos ya era jugador Ligas Profesionales del Baloncesto.



2 comentarios:

  1. Juan De los Palotes2 de abril de 2015, 7:02

    ja, ja, estan güenos los relatos quesones, todos los asesinos se llaman Carlos y tiran Quesos, podrían hacer los relatos jamones, donde todos los asesinos se llamen Juan y tiren jamones, ja, ja,

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    Decapitaciones, degollamientos, dejan un olorsito verda? io necesito musho mas q ventilacion, tu oxigeno mas deleitoso y puro, de ademthro asia fuera, cámbiate a Aromatizantes Ambientales Lácteos Delfino ® y notaras la diferensia, Aromatizantes Ambientales Lácteos Delfino ®, asen musho mas q okhultar tu crimen

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