martes, 9 de diciembre de 2014

El crimen Queson en el ascensor


El almanaque ya indicaba que el mes de noviembre había pasado la mitad. El tiempo en que en Buenos Aires muchos ya empiezan a pensar en el verano y en las vacaciones. No era el caso de la abogada Monica Radebe, demasiado preocupada en sus casos judiciales. De todas formas, en enero hay feria judicial, o sea que algún tiempo importante para tener vacaciones tendría a su disposición.
Parecía ser un día cualquiera del mes de noviembre, la abogada cerró su estudio jurídico, y se dispuso a esperar el ascensor. Ya casi no quedaba nadie en aquel edificio de oficinas del centro. Quizás por eso le llamó mucho atención que del departamento de al lado, el que estuvo desocupado durante varios meses, salió un hombre muy alto, y patón, muy bien vestido. No era lo que se dice bien parecido, pero la presencia que tenía le daba cierto atractivo a aquel joven. La abogada lo miró sorprendida.


-         Buenas noches. ¿Usted es la doctora Mónica Radebe, verdad? – preguntó el joven.
-         Sí, usted...
-         Discúlpeme que no me había presentado – dijo el joven – soy su nuevo vecino. Carlos Bossio. Quedese tranquila, no soy abogado, no le quitaré ningún cliente. Me dedicó al comercio exterior y desde esta semana ocupo la oficina al lado de la suya.
-         Mucho gusto, señor Bossio – le dijo entonces la abogada - ¿Y qué clase de comercio exterior?
-         Importo y exporto Quesos – fue la respuesta de Carlos Bossio – ah, miré, el ascensor ya está aquí.
Bossio y Radebe entraron al ascensor. Pero de repente, apenas comenzó a andar, el ascensor se detuvo. Claro, Mónica no se había dado cuenta, que Carlos lo había parado con su mano izquierda.
-         ¿Porqué se detuvo el ascensor? – dijo con cierto susto la abogada.
-         No se preocupe, doctora, es solo un asesinato, yo soy el asesino y usted la víctima – y a continuación Carlos sacó un enorme cuchillo de entre sus pertenencias.


Carlos se tiró sobre la mujer, que aunque intentó resistir, nada pudo hacer ante la furia de su agresor, que la apuñaló una y otra vez. Fueron como sesenta cuchillazos. Para cometer este crimen, Carlos se había inspirado en la película “Vestida para matar”, solo que a diferencia del asesino de aquel film, empleó un cuchillo, no una navaja, y no se vistió de mujer. Cuando terminó, Carlos sacó un Queso Gruyere de su valija, y lo tiró sobre su víctima.
-         Queso – dijo en voz alta.
Entonces abandonó el ascensor y se retiró del lugar hacia arriba. En la terraza, pasó al edificio de al lado, que era un concurrido club, y pudo mimetizarse entre las decenas de personas que había en el lugar practicando deportes. No tuvo problemas en abandonar el lugar, era uno más en cientos.
Días después, los medios daban cuenta de un nuevo asesinato, Carlos entonces envío una enorme horma de Queso Gruyere a un exitosa cadena de televisión, con el siguiente mensaje:
“Los crímenes continuarán. Este fue solo el comienzo. Carlos, el Queson”.



2 comentarios:

  1. ja, ja, este es el asesinato de "Vestida para matar"

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  2. te imaginas estar en un ascensor y que de repente entre chiquito bossio con un cuchillo, ja ja, aunque yo creo que no es necesario el cuchillo, la mata con el pie que tiene, la aplasta y listo, je, je

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