martes, 10 de diciembre de 2013

Sabado Sangriento en París



Aún en tiempos de crisis, muchos españoles viajan los fines de semana a París. La capital francesa tiene una fascinación sobre todos y no hay nadie en el mundo que se pueda resistir a sus encantos. Por eso a nadie le llamó la atención que Juan y Concepción, dos enamorados, visitaran la ciudad de Edith Piaff y Maurice Chevallier. A nadie le importaba que Juan y Concepción estuvieran casados, pero no entre si, sino con otras personas que se habían quedado en España. Los dos inventaron una excusa para escaparse a París y al parecer habían tenido éxito.
Juan y Concepción habían alquilado un piso cerca de la Gare de Saint Lazare para pasar allí tres días. París tiene muchos encantos, podrían haber recorrido la Place Vendome o la Concorde, visitar Notre Dame, subir a la Torre Eiffell o caminar por Champs Elysee. Pero Juan y Concepción prefirieron quedarse en el piso disfrutando del sexo. Primero el placer, después recorrer París.
-         Podríamos haber ido a Champs Elysee – le dijo Juan mientras estaban acostados.
-         No importa, mañana recorreremos bien la ciudad, además nos quedamos hasta el lunes, hay tiempo de sobra – contestó la chica.
-         Lo que sí voy a hacer es ir al baño a darme una buena ducha. Para después salir, estamos muy cerca de las Galerías Lafayette.
-         Muy bien Juan, yo también empezaré a vestirme para salir.
Juan fue al baño y comenzó a ducharse. El ruido de la ducha era muy fuerte. Concepción comenzó a vestirse para salir cuando, de repente, le pareció ver a un hombre reflejado en el vidrio, ¿Juan había salido tan rápido del baño? La chica se dio vuelta muy rapido y para su sorpresa frente a ella estaba Carlos García Santander, su esposo.
Carlos estaba vestido de negro, con una chaqueta, polera, pantalones y guantes de ese color, la apuntaba con un revolver de largo calibre con silenciador. La chica estaba aterrorizada y solo atinó a decir:
-         ¿Qué haces aca, Carlos?
-         Vine a asesinarte, prefiero ser viudo y no cornudo.
Carlos no terminó de decir esto cuando efectuó el primer disparo, realizó otros hasta sumar nueve, vaciando el cargador. La chica cayó muerta, ensangrentada, sobre la cama con balazos en todo el cuerpo. Carlos abrió una valija que tenía, sacó un Queso de la misma y en voz alta dijo:
-         Queso.
Carlos tiró entonces el Queso sobre el cadáver de su víctima. El asesino abandonó el dormitorio y pareció dirigirse hacia el baño para ejecutar a Juan, que permanecía debajo de la ducha, sin escuchar nada. Pero Carlos siguió de largo, abrió la puerta y se fue del lugar.
Mientras tanto, Juan salió del baño y mientras se dirigía hacia donde estaba Concepción, preguntó:
-         ¿Ha ocurrido algo, Conchita? Me pareció escuchar una voz.
Cuando llegó al dormitorio para su sorpresa vio el cadáver de su amante, desesperado salió a buscar ayuda, pero le fue muy difícil dado que no sabía francés. La sureté lo detuvo y lo considero principal sospechoso del homicidio. Todo indicaba que Juan permanecería un largo tiempo en Francia y debería conseguir algún buen abogado que supiera español, y el por supuesto, debería aprender francés.

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