domingo, 8 de diciembre de 2013

La sanguinaria carrera criminal de Carlos Bossio



Mediados de 2007, Belen Francese tenía mucho sueño aquella noche, más que de costumbre, lo cual era muy extraño para alguien acostumbrada a tener una vida nocturna tan intensa como ella. Vencida por el sueño, terminó por dormirse más que profundamente.
Cuando despertó se encontraba acostada en una cama, atada de pies y manos. No podía moverse. Era su habitación, que estaba totalmente oscura.



Comenzó a jalear para ver si podía escapar, pero nada pudo hacer. De repente, frenta a ella, apareció un hombre muy alto, con enormes pies, un gigantón y un patón, vestido totalmente de negro, con un pasamontaña que le cubría la cara, guantes negros, polera negra, todo negro, quien le dijo:
-         Buenas noches, Belen. Soy Carlos Bossio, el Queson, el asesino de mujeres, te asesinaré, Belen Francese.



Francese se aterrorizó al escuchar las palabras del asesino. Bossio puso su enorme pie derecho sobre la cara de Belen y le dijo:
-         Empeza a olerme los pies. Disfruta de mi olor a Queso. Vamos, oleme, chupeme y besame los pies.
El olor a Queso del asesino era por demás fuerte e intenso, apestante. La mujer no podía soportarlo, creía que se moría. Bossio retiró su pie derecho, y luego le puso el izquierdo. Otra vez el olor a Queso era insoportable. Tras someterla a la tortura de los pies, Carlos le tiró un enorme Queso.
Tras estas palabras, Carlos, el Queson, se tiró sobre Belen cuchillo en mano, y la apuñaló salvajemente. Le dio como sesenta u setenta puñaladas. Tras cometer el crimen, tomó el Queso, lo tiró sobre su víctima, y dijo en voz alta:
-         Queso.
El Queson abandonó la escena del crimen con la misma impunidad con la que había llegado.




Carlos Bossio ya había asesinado a noventa y nueve mujeres, cuando se dio cuenta que su próxima víctima, la número cien, tenía que ser un crimen espectacular. Era el “Queson”, el asesino serial que a cada mujer que acuchillaba le tiraba un Queso. Noventa y nueve Quesos había tirado hasta ese momento, siempre por cada asesinato un Queso.




En su rol de gran empresario agropecuario, el papel visible que desempeñaba para la sociedad, Carlos concurrió a una gran Feria de Quesos. Estaba convencido que allí encontraría a quien sería su víctima.
No tuvo que elegir mucho: en la Feria estaba la modelo Ingrid Grudke. Carlos deició que Grudke tendría el sangriento honor de ser la “víctima número cien”.

Para ello, Carlos consiguió las dos hormas de Queso Gruyere más grandes que podamos imaginar. Una era para comérsela entera, otra para tirar sobre el cadáver de Grudke después de apuñalarla. Al mismo tiempo, Carlos compró dos gigantescos y enormes cuchillos, las armas con las que pensaba cometer el asesinato.
Vestido totalmente de negro, la ropa que solía siempre que cometía un crimen, incluyendo unos guantes que le cubrían las manos y un pasamontañas que le tapaba la cara, con los Quesos y los cuchillos, Carlos se dirigió hacia la habitación del hotel donde se alojaba la modelo.


Cuando la modelo ingresó a la habitación, Carlos la tomó por sorpresa desde atrás y la durmió con cloroformo. Después la ató a la cama, y cuando la chica se despertó, la obligó a chuparle, besarle, olerle y lamerles los pies. Carlos era muy alto y tenía pies gigantescos. Finalmente, la apuñaló en forma salvaje, hasta totalizar como ciento veinte cuchillazos, después le tiró el Queso, tras lo cual dijo en voz alta:
- Queso.


Carlos estaba satisfecho: había cometido el crimen número cien, era el más grande asesino serial de mujeres que la historia moderna conoce...


3 comentarios:

  1. Excelente Chiquito Bossio matando a Belen Francese, buenksimo

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  2. Belen Francese e Ingrid Grudke, estan para partirlas como un Queso

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  3. ojala esto fuese cierto a Chiquito Bossio le sienta bien el papel de asesino serial

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