domingo, 8 de diciembre de 2013

A Carlos le gusta el Queso




El novio de Paula se llamaba Carlos. Era un joven muy bien parecido, muy alto (medía dos metros), de pelo castaño oscuro y enormes pies, pues calzaba cincuenta. Sí, cincuenta, ni un talle más ni un talle menos. Sus pies eran tan grandes y gigantescos que debían hacerle los zapatos en una zapatería especial. En una epoca le propusieron jugar al handball, y pudo haber tenido una gran carrera en ese deporte, pero Carlos prefirió intentar una carrera en el mundo del espectáculo como actor o cantante, algo que no era nada fácil.
Paula estaba muy enamorada de Carlos, y Carlos estaba muy enamorado de ella. Lo que a Paula más le gustaba de Carlos eran los pies. Eran grandes, carnosos y olorosos, pues Carlos siempre tenía un olor a Queso muy fuerte, intenso y apestante.
El tema era que Silvina, la mejor amiga de Paula, también se enamoró de Carlos . Era un joven muy solicitado. Todas las mujeres soñaban con tener una noche de amor con el patón. Ocurrió entonces que estando Paula de viaje, Silvina no dudo en decirle a Carlos:
-         Carlitos, debo confesarte algo, estoy enamorada de vos.
-         Lo sabía - contestó Carlos - Yo no siento lo mismo por vos, pero por una noche te haré feliz. Tendremos sexo. Pero primero tengo hambre. Voy a comer un Queso.
-         ¿Un Queso? - pregunto sorprendida Silvina.
-         Sí, un Queso, para mí el Queso es un estimulante sexual. Me encanta comer Queso, y sí tengo sexo, despues de comerme uno, por supuesto tras hacer la digestión, me siento pleno, radiante y más activo que nunca.
-         Carlos entonces se comió un Queso entero. Silvina no probó bocado alguno. Pasaron las dos horas de digestión, se acostaron y tuvieron sexo. Cuando terminaron, Carlos le dijo a Silvina:
-         Fue hermoso tener sexo contigo. Pero ahora morirás.



Entonces Carlos sacó un cuchillo y apuñaló salvajemente a la víctima. Tras asesinarla, tomó otro enorme Queso y lo tiró sobre el cadáver de la chica. Al día siguiente, el cadáver de Silvina apareció en un descampado. Tenía más de cincuenta heridas cortantes realizadas con un gran cuchillo de cocina y encima del cadáver un enorme Queso. La policía investigó el crimen, pero como siempre, no llegó a ningún resultado concreto.
Carlos tuvo suerte, pues la investigación la encabezó el incompetente Inspector Pufrock, que era adicto al juego, al whisky y a los cabarets, y no en el prestigioso Inspector Puyol, que estaba de vacaciones en las sierras cordobesas.
Mientras tanto, Paula estaba muy mal por el asesinato de su mejor amiga y parecía caer en una depresión sin límites. No imaginaba ni podía sospechar que su novio, Carlos, era un asesino cruel, implacable y sanguinario. Pasados unos días, Carlos le dijo a Paula:
-         Se quien asesinó a Silvina.
-         ¿En serio, Carlos? ¿Quien fue?
-         Carlitos.
-         ¿Qué Carlitos?
-         ¡Este Carlos!
Entonces Carlos le dio una patada con su enorme pie derecho, la tiró al piso, sacó un cuchillo y la asesinó sin piedad alguna. Tras asesinarla, le tiró un Queso. Carlos  se fue del lugar muy contento, no sin antes, decir en voz alta:
       - Queso.



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