El asesino de Silvina Luna



La opinión pública continuaba estupefacta por los asesinatos de Valeria Mazza y Julieta Prandi, cuando un par de semanas después, los muchachos de la selección de básquet fueron invitados a una fiesta de disfraces. No concurrieron todos, pero Emanuel Ginóbili, Luis Scola y Carlos Delfino confirmaron su asistencia. Lo curioso es que, además de ir disfrazados, los invitados debían llevar algún tipo de alimento o comida.



Los tres basquetbolistas se hicieron presentes en el lugar. “Manu” ingresó vestido de Rambo, portando una gran metralleta y llevando un pavo como comida. Luis Scola, se disfrazó de monje y llevó un gran jamón. Carlos Delfino se vistió como samurai, portando una gran espada y llevando un Queso, una gran horma de Gruyere, de un tamaño colosal.



Los tres basquetbolistas creyeron que iban a ser las grandes celebridades del mega-evento, pero para su desilusión, muchos eran los deportistas, modelos, actores y actrices que estaban allí, todos disfrazados. Trataron de disfrutar de la fiesta todo lo que pudieron, bailando, sacándose fotos, comiendo y bebiendo a más no poder.
Como curiosidad podemos decir, que además de Carlos Delfino, otros famosos invitados también llevaron un Queso como alimento. Se trataba de Carlos “Chiquito” Bossio, el arquero de Lanús y Estudiantes, de Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el “Nacho”, jugador de Los Pumas, de Carlos Melia, “Mr Gay Internacional”, de Carlos Eisler, consagrado modelo, además del también basquetbolista Carlos Matías Sandes.
Lo cierto es que más alla de la fiesta, Carlos Delfíno deseaba cometer un nuevo crimen, y para ello había llevado la espada samurai y el Queso.




De repente, la fiesta se paralizó, todos se sentaron en las mesas y en el piso, y empezó la proyección de un film.
Carlos entonces salió del salón principal, con la espada samuria en la mano, arrastrando el Queso por el suelo, cuando empezó a recorrer el piso superior de la mansión. Se dio cuenta que en la habitación del final había alguien. En forma silenciosa y sigilosa, Carlos comenzó a acercarse, y vio que la mujer que estaba en la habitación era Silvina Luna.
- La asesinaré – pensó entonces Carlos Delfino.
Silvina Luna se dio cuenta que alguien había entrado a la habitación, se dio vuelta entonces, y lo vio a Carlos Delfino. El basquetbolista se sintió sorprendido.
-         Vos sos Carlos Delfino, el basquetbolista de la generación dorada, el Lancha Delfino, el Cabeza Delfino.
-         Soy yo – dijo Carlos, sorprendido que Silvina Luna lo había reconocido, algo que no había pasado con Valeria Mazza ni con Julieta Prandi, sus dos víctimas anteriores.
-         Qué pies que tenes, con razón me dicen el Lancha.
-         Calzo 52 – dijo Carlos Delfino, agregándose un número más a a su talle, aunque en ese momento, sus pies parecían calzar 56.
-         Deben oler muy bien – agregó Silvina Luna.
-         Huelen a Queso, porque soy un Quesón – dijo Carlos.

En ese momento levantó sus pies, el derecho quedó sobre el rostro de Silvina, que empezó a olerlos, chuparlos, besarlos y lamerlos. Primero el derecho, después el izquierdo. Silvina se arrastró por el piso, le chupó la pija a Carlos, y este le chupó la concha primero, después el culo, y entonces le penetró el pene en la vagina, y el pie derecho en el culo. Muy satisfecha quedó Silvina Luna, y quedó ahí arrastrada, como perdida en la inmensidad.



Entonces, mientras Silvina le daba la espalda, Carlos levantó la espada samurai, la katana, y descargó el golpe sobre el cuello de la mujer. La decapitó de inmediato. Así de simple. Así fue como Carlos Delfino asesinó a Slvina Luna.
El asesino tomó el Queso que había llevado, lo tiró sobre el cadáver decapitado de Silvina Luna, y dijo en voz alta:
- Queso.
A continuación Carlos se sentía triunfante ante el crimen que había cometido. Limpió la sangre que tenía la espada samurai con las cortinas. Después, cerró la habitación y estaba convencido que no descubrirían el cadáver hasta el día siguiente.



No tardó en estar nuevamente en el salón principal de la fiesta. La proyección del film comenzó a terminar. Al lado de Carlos estaba Ginóbili que le dijo:
- Muy buena la película.
- Muy bien hecha, sobre todo la parte donde el basquetbolista decapita a la chica – contestó Carlos.
La fiesta terminó y tal como había calculado Carlos, nadie se dio cuenta de la ausencia de Silvina Luna, ni tampoco nadie descubrió el cadáver hasta el día siguiente. La impunidad, una vez más, estaba de su lado.



Comentarios

  1. Che, Carlitos es implacable, no dejo a ninguna con cabeza

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  2. me encantan estas historias pero... la policia nunca busca al basquetbolista asesino?

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  3. Saben que es gracioso? Que "queso" es una manera vulgar de referirse al deseo sexual acá. Me dio mucha risa cuando se llamaba quesón xD

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  4. No me gustó algo tan rápido. El asesino debió aprovechar de la belleza de Silvina Luna, por seducción o fuerza. Y matarla de miedo, antes de matarla.

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  5. Otro relato para reescribirse como el de Karina Mazzocco.
    En este caso puede ser, que Silvina Luna recurra al sexo para evitar que la maten. Lo cual solo lleva a postergarlo su asesinato.
    Y para dar más morbo, podría rescribirse también el de Pamela David, para aprovechar la rivalidad que hubo entre las dos. Que sean asesinadas juntas, que ambas intenten demorar el asesinato con sexo. Fracasando, luego de su muerte podrían quedar en el mismo lugar, muy juntas. Los medios podrían hablar de algo pasional.

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  6. con la katana Carlitos la deja sin luna a Silvina ja ja

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  7. Ahora está completo, con sexo como efecto anestesico. Tal vez Delfino la dejó en ese estado, muriendo sin sentir dolor ni terror, porque lo reconoció fue simpática con él.
    Y me gusta lo que dice el comentario anterior. Jaja.

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